jueves 6 de septiembre de 2007

The End: memorias de un estúpido


Despierto. Las sombras de los autos se colan por la ventana, los exaltados gritos me forzaron a volver a la realidad, alejamiento producido entonces por una gran dosis de peyote. Realmente no podía identificar de donde venía todo este griterío, quizás mis sentidos me engañaban, por lo tanto me levante de la cama polvorienta y me dirigí hacia la ventana, observé por medio de la cortina, la imagen me impactó fuertemente, gente corriendo desesperada, hacia diferentes lugares. Pude ver la cara del pánico, era aquella,
Visualmente llegaba a ser hermoso desde un raro punto de vista. Hasta que me di cuenta que me había quedado minutos observando tal situación sin moverme, como mirando una película, sin razonar que eso estaba pasando realmente, la droga seguramente todavía fluía en mi cuerpo. En los primeros segundos de razonamiento entré en pánico completo, pero permanecía sin moverme. Al reaccionar nuevamente prendí la televisión para informarme que pasaba, pero ésta se encontraba sin recepción, con pura estática. Se me cruzó por la cabeza la idea de reclamar al servicio de cable, tardé mas de lo normal en descartar esa estúpida idea. Realmente tenía que dejar de consumir drogas por un tiempo.
Decidí salir para preguntarle a la gente que corría de un lado a otro que estaba pasando, intenté abrir la puerta de mi pieza, pero se encontraba cerrada casi herméticamente, no entendía nada, recordé en ese momento lo peor que podía recordar, que soy claustrofóbico. El pánico me invadió nuevamente, pero esta vez en serio, abrí la ventana y empecé a gritar por ayuda, grité varias veces hasta que me di cuenta que lo que estaba haciendo era realmente estúpido, la gente estaba mas aterrorizada que yo, ¡a qué idiota se le ocurriría hacer eso!.
Cerré la ventana y dispuse entonces a relajarme, necesitaba tranquilizarme, la desesperación no me llevaría a nada, me senté en el borde de la polvorienta cama y deduje que la mejor forma de relajarme es fumarme la marihuana que tenía, eso hice, tardé unos minutos, pero finalmente cumplió con mis expectativas, me encontraba totalmente relajado. Después de unos minutos en que me quedé observando una pequeña estatuilla de mármol que se encontraba en mi repisa, me acordé del gran pánico que se presentaba afuera, miré nuevamente por la ventana y todavía había gente corriendo, desesperada, de un lado al otro, pero en menor número que antes. Al mirar a lo lejos pude ver que una sombra enorme avanzaba a velocidad media sobre la ciudad, desdibujando por completo la línea del horizonte y convirtiendo cielo y tierra en un solo plano de un mismo color.
Me sorprendí totalmente, no sabía que hacer, intenté abrir con mayor fuerza la puerta, pero no se movía, miré nuevamente por la ventana para buscar una salida, me encontraba en un segundo piso, debajo había un toldo que podría resistir mi peso, me propuse a saltar, me subí sigilosamente en el borde de la ya demasiadas veces mencionada ventana, en el momento de saltar, sentí que corría una ventisca demasiado fría para mi gusto, así que volví a mi habitación a buscar una campera. Estuve revolviendo la ropa tirada buscando mi abrigo de corderoy, era realmente perfecto para el tiempo que había. Cuando por fin la encontré avisté que la sombra se encontraba a pocos metros de mí y avanzaba sobre los edificios de enfrente, esos que tanto he maldecido por taparme la luz del sol. La gente que corría en la calle era absorbida instantáneamente, desvaneciendo sus gritos. Realmente tenía que salir de ahí, Empecé golpear con toda mi fuerza nuevamente la puerta, mi hombro dolía, pero no podía darme por vencido. Después de varias reiteraciones, me di un respiro y la observé de arriba a abajo, ahí confirmé que mi estupidez no podía ser más grande, en el cerrojo se encontraba la llave. Le di unas vueltas y la puerta se abrió sin mayores esfuerzos, lógico.
Al observar el pasillo que se encontraba continuamente a mi pieza, vi que la mitad de éste se encontraba sumergido en la dichosa oscuridad, no tenía salida, iba a ser sumergido. ¿Qué podía hacer? Eran los últimos momentos de mi vida, observé el póster de Bob Marley que me observaba como entendiéndome, al lado Jimi Hendrix me hacía una mueca de aprobación. Me sentía como un soldado condenado al fusilamiento. Me paré firmemente, palpe mi bolsillo derecho y agarré el último cigarrillo de marihuana que me quedaba, era especial, tenía seda de chocolate, era acorde con el momento. Lo deposité en mis labios y lo prendí. Aspiré una gran bocanada de humo mientras la oscuridad empezaba a penetrar en mi habitación, Bob y Jimi se despedía mientras eran absorbidos, sonreí y me recosté nuevamente en la cama polvorienta, esperando el final mientras hacía anillos de humo al vacío.