
La pesadumbre de la noche me mantiene inmóvil en la cama. Me encuentro recostado pensando en el momento donde todo llegue a su fin. Las paredes blancas e impolutas que me rodean me mantienen en esta prisión, quisiera tener las energías para escapar, pero mi cuerpo envejecido me lo impide, lamentablemente no será posible ver la luz del día otra vez. Quisiera poder conservar la cordura como antes, pero solo tengo destellos de lucidez, la razón va y viene, todo se desvirtúa y el orden de prioridades cambia, quizás me toque esta vez fascinarme con las sombras, por cierto hermosas y únicas, demasiado como para quitarles la vista de encima.
Mis pesados pies arden, no conozco la causa y mi cabeza pide tregua, los miro mientras lloro de impotencia, me encuentro atrapado en una cárcel dentro de otra, ya casi ni puedo moverme.
Las drogas que me obligan a tomar son poderosas, solo tardan un cuarto de hora para hacer efecto, ese es el tiempo que tengo para meditar sobre los recuerdos que surgen en mi, aunque todas las veces termino desquebrajándome, pedazo a pedazo, sin poder hacer algo.
Nunca estoy aquí, siempre estoy en algún otro lugar, intentando volver a mi mente. Cada vez que vuelvo a encontrar el hilo que lleva a mi empiezo a sentir el dolor del peso de mi existencia, intento soportarlo pero no logro tolerarlo y así es como pierdo el hilo de cordura nuevamente.
Soy mi único compañero en este tramo de vida que estoy soportando, ni siquiera puedo terminar mi vida, aunque se que estoy cerca del final, soy solo un peso para todo y todos.
Siento como mi cuerpo comienza a dormirse lentamente, las drogas están haciendo efecto. Mi último recuerdo latente es cuando mi hijo me trajo, yo me negaba fuertemente, hasta que un día no pude frenar su decisión, me trajo en contra de mi voluntad. Mi corazón se rompió como si fuera un fino cristal, mi propio hijo abandonándome a esta cruel cárcel en la que estoy postrado. Lo pude ver el otro día, aunque era nuevamente mi pequeño hijo, se me acercó, me pidió perdón por lo que había hecho y se echo a llorar en mi regazo, todo mi enojo desapareció por completo cuando sentí su llanto, no soporto verlo así, tan pequeño y soportando tanto peso, lo abrace fuerte y le dije “no te sientas mal por mi, trayéndome aquí vas a sentir alivio, vivirás tu vida, no me falta mucho para terminar la mía”.
Me miro tristemente y se fue, desde ese momento supe que estaba solo, había aceptado mi destino, deberé encontrar alivio soportando el dolor hasta que me llegue el momento.
El peso de ser yo mismo va desapareciendo lentamente con mi cordura, ¿cuándo terminará toda esta agonía?, ojala pueda regresar a mi antes de que eso pase.
Mis pesados pies arden, no conozco la causa y mi cabeza pide tregua, los miro mientras lloro de impotencia, me encuentro atrapado en una cárcel dentro de otra, ya casi ni puedo moverme.
Las drogas que me obligan a tomar son poderosas, solo tardan un cuarto de hora para hacer efecto, ese es el tiempo que tengo para meditar sobre los recuerdos que surgen en mi, aunque todas las veces termino desquebrajándome, pedazo a pedazo, sin poder hacer algo.
Nunca estoy aquí, siempre estoy en algún otro lugar, intentando volver a mi mente. Cada vez que vuelvo a encontrar el hilo que lleva a mi empiezo a sentir el dolor del peso de mi existencia, intento soportarlo pero no logro tolerarlo y así es como pierdo el hilo de cordura nuevamente.
Soy mi único compañero en este tramo de vida que estoy soportando, ni siquiera puedo terminar mi vida, aunque se que estoy cerca del final, soy solo un peso para todo y todos.
Siento como mi cuerpo comienza a dormirse lentamente, las drogas están haciendo efecto. Mi último recuerdo latente es cuando mi hijo me trajo, yo me negaba fuertemente, hasta que un día no pude frenar su decisión, me trajo en contra de mi voluntad. Mi corazón se rompió como si fuera un fino cristal, mi propio hijo abandonándome a esta cruel cárcel en la que estoy postrado. Lo pude ver el otro día, aunque era nuevamente mi pequeño hijo, se me acercó, me pidió perdón por lo que había hecho y se echo a llorar en mi regazo, todo mi enojo desapareció por completo cuando sentí su llanto, no soporto verlo así, tan pequeño y soportando tanto peso, lo abrace fuerte y le dije “no te sientas mal por mi, trayéndome aquí vas a sentir alivio, vivirás tu vida, no me falta mucho para terminar la mía”.
Me miro tristemente y se fue, desde ese momento supe que estaba solo, había aceptado mi destino, deberé encontrar alivio soportando el dolor hasta que me llegue el momento.
El peso de ser yo mismo va desapareciendo lentamente con mi cordura, ¿cuándo terminará toda esta agonía?, ojala pueda regresar a mi antes de que eso pase.


0 comments:
Publicar un comentario